primeros pasos
que contaros del camino a la residencia, para empezar debéis saber que aquí circulan por la izquierda , lo que quiere decir que todo lo ves al revés y si a eso le sumáis que los taxistas de aquí no tienen nada que envidiar a los de Madrid, podáis imaginaros, mas de una vez imagine la triste situación de ser engullido por el cartel publicitario de un camión, bonito destino ser enterrado con un tatuaje en los dientes que ni siquiera sabes que pone, es como sonreir a tus parientes en el tanatorio con un “mudanzas y portes Montalvo”. Cabe destacar que aquí los taxis tienen un bonito encaje de ganchillo cubriendo los asientos, podría buscarle a mi abuela un trabajo aquí y nos sacaría de pobres a los dos, el único problema es que tendría que conformarse con plantar su huerto en el balcón de mi dormitorio y una gran parte de el esta reservado porque justo enfrente tengo un instituto, pero eso es otra historia que merece ser contada en otra ocasión.
Llegada a la residencia, un barrio precioso, muy tranquilo, parece mentira que tras 5 minutos de caminata encontraras la bulliciosa Tokio y tras 15 el populoso barrio de Shibuya, habitación: 10 metros cuadrados con cama minúscula, ducha a prueba de gordotes y suelo de tatami, that means, “quítate los zapatos antes de entrar chaval que me jodes el parquet (o eso es lo que decía mi madre), aparte de eso todo lo que un freakie podría desear: conexión a Internet y…tachan..tachan… maravillosas vistas al Tokyo City High School, ¿os habéis preguntado si los morbosos uniformes de marinerito de las japonesas son de verdad o son atracción para turistas? Son tan reales como que cada mañana sufro al correr las ventanas, algo, in-cre-i-ble, no he visto nada tan sexy en toda mi p.. vida.
Aparte de, nos hemos juntado un grupo genial, un half english half japo de 21 anos que nos hace de guía, un half suizo half español que se esta convirtiendo en mi mejor colega aquí, un francés, un tunecino y un lituano, gente muy maja, con muchos de ellos comparto el curso de japonés.
Volvemos a la tarde del primer día, acababa de llegar a la residencia y hacia falta comer algo, mi mayor antojo al llegar era probar el ramen, una sopa con carne, pasta y surimi; después de eso reunión de orientación, registro civil, seguro sanitario y…
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